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Podríamos decir que el cuadriciclo De Dion-Bouton de 1898 que les presentamos aquí es una de las piezas fundacionales de la historia del automóvil. No estamos hablando de un vehículo antiguo más del museo encampadense, estamos hablando de una de las máquinas, a caballo entre un carruaje y un…
Podríamos decir que el cuadriciclo De Dion-Bouton de 1898 que les presentamos aquí es una de las piezas fundacionales de la historia del automóvil. No estamos hablando de un vehículo antiguo más del museo encampadense, estamos hablando de una de las máquinas, a caballo entre un carruaje y un “ingenio infernal” -permítanme esta licencia literaria para darle un toque dramático a la historia- que finalmente permitiría definir qué y cómo acabaría siendo el coche moderno.
El contexto es importante, pues a finales del siglo XIX todavía no existía una arquitectura clara del automóvil. Había triciclos motorizados, carruajes adaptados, ingenios de vapor, de electricidad y algunos motores de combustión, todo ello conviviendo sin un rumbo demasiado claro, ¡en realidad, nada claro! En aquellos momentos De Dion-Bouton fue una de las empresas más avanzadas del mundo, ¡por adelantada, por visionaria y por atrevida! Tanto fue así que hacia el año 1900 ya era uno de los fabricantes más grandes del planeta.

Una vez más, cuando nos toca hablar de los trozos de la Historia del automóvil que están alojados en el Museo del Automóvil de Andorra, hablamos de coches que o destacan por su potencia, por su belleza, por ambas cosas o incluso por mucho más, como es el caso del Peugeot 201 que os presentamos a…

“Quan l’automòbil deixa enrere el carruatge”. Aquesta és la millor forma de començar el reportatge del Chenard & Walcker Type TT que trobareu exposat a la planta baixa del Museu Nacional de l’automòbil, doncs simbolitza precisament això ! Tot i que podríem dir que Chenard & Walcker va ser…

A principis del segle XX l’automòbil encara no era el producte industrial que coneixem avui. Cada vehicle era, com és el cas del Doriot Flandrin & Parant Type A que us presentem en aquest espai, una peça construïda gairebé de forma artesanal, fruit d’una combinació d’enginyeria, experimentació…
Dicho esto, entremos en materia. El cuadriciclo de 1898 deriva directamente de los famosos triciclos motorizados de la marca. Era un vehículo extremadamente ligero, con una construcción todavía muy influenciada por el mundo de la bicicleta, pero que apuntaba sin saberlo, hacia los futuros vehículos de cuatro ruedas finas, con una estructura muy ligera de chasis tubular, con dirección simple y con un motor monocilíndrico situado en la parte trasera.
La gran revolución de De Dion-Bouton no fue tanto el vehículo como tal, sino el motor. Crearon un monocilindro de combustión interna muy ligero capaz de girar a regímenes altísimos para la época, una auténtica barbaridad técnica si la situamos nada más y nada menos que a finales del siglo XIX.
Cabe decir que este motor, un monocilindro de entre 239 y 327 CC, con una potencia de entre 1,75 y 2,75 CV y con una transmisión muy rudimentaria, fue copiado (o fabricado bajo licencia) por más de 150 marcas diferentes.
Con todo, el vehículo alcanzaba una velocidad que podía acercarse a los 40 km/h, que en aquellos momentos era una velocidad absolutamente vertiginosa. Y aquí hay una cosa fascinante: hoy nos parecería un vehículo rudimentario, pero técnicamente era muy avanzado respecto a muchos rivales, pues más allá del motor, el coche tenía elementos como encendido eléctrico por bobina, diferencial, muchas soluciones mecánicas sorprendentemente refinadas y una fiabilidad muy superior a la media de vehículos del momento.
También es importante entender que estos vehículos no eran “coches” en el sentido actual de la palabra. Eran más bien una transición entre un carruaje, una bicicleta e incluso una moto.
Para que se hagan una idea, la mayoría de alternativas al cuadriciclo de De Dion Bouton ni siquiera tenían volante. Algunos llevaban una especie de mando tipo timón vertical. Además, la posición de conducción era muy extraña, los frenos muy limitados y la suspensión prácticamente simbólica. Conducir uno hoy requeriría mucha práctica porque dinámicamente son ingenios muy delicados.
Por todo ello, desde el punto de vista histórico y de coleccionista un De Dion-Bouton de 1898 tiene un valor enorme. No solo económico —que puede ser muy alto si es original y documentado como el del Museo Nacional del Automòbil d’Andorra— sino también patrimonial.
Vehículos así participan a menudo en eventos como el London to Brighton Veteran Car Run, reservado exclusivamente a automóviles anteriores a 1905.
Y hay otro detalle que a menudo se ignora y que vale la pena mencionar: más allá de la importancia de este vehículo, como marca De Dion-Bouton influyó directamente en marcas como Renault, Peugeot o incluso Harley-Davidson, por medio de sus motores y soluciones técnicas. Sin su saber hacer, la historia de la automoción probablemente habría sido diferente.
Disfruten del De Dion Bouton de 1898 y del resto de joyas del automovilismo de todos los tiempos visitando el Museo Nacional del Automóvil de Andorra que encontrarán en pleno centro de la villa de Encamp.
Por otra parte, si quieren ver más fichas como esta, desde este otro enlace accederán directamente a la sección del blog.





